lunes, 22 de febrero de 2010
NINFAS.
En las postrimeras de la decadencia han nacido un par de ninfas de dos colores, una de digno tono surrealista y otra lamentablemente empapada de tonalidad romántica; mejor hubiera sido, ante los ojos de una desgreñada madre, que en vez de lo romance el tono fuera venganza y así ésta estaría casada con el odio y con la hipocresía, al menos eso pensaba irónicamente aquella líder espiritual.Las ninfas fueron creciendo con normalidad, obviamente con las diferencia propias entre cada una, así por ejemplo; la surrealista en su natural faceta creadora y acompañante de los dioses había pintado varios pasajes fuera de lo común, con cosas inertes pero aladas, aguas de negros colores y cielos totalmente claros y brillantes, no existían las nubes como tal, en su defecto habían un par de orcas de tonos violeta y amarillo que se encargaban en una tarea realmente digna de respeto el mantener la humedad necesaria en el ambiente, necesario para no tener frió y un poco caluroso para poder tener un buen pretexto y justificar la manera casi viciosa de beber ese néctar dulce de una pequeña cascada en el fondo de la pintura. A decir verdad, cualquiera podría presumir, infundadamente, que ésta ninfa seguía en ciertos aspectos la tendencia infantil y fantástica que Joan Miró llego a plasmar en sus obras, (no lo se, quizá es un poco aventurado pensar así, en fin que mas da, si con el pensamiento uno hace y deshace a su parecer), Por otro lado, su hermana, la ninfa manchada de amor (manchada según la opinión de la madre, como si se tratara de algo vergonzoso) hacia también lo suyo, con la diferencia de que, mas que el agrado digno de saber que ejecutaba la razón de su existir, reinaba un entusiasmo desbordable, dicha, y de vez en vez pérdida de la razón, como en un permanente estado psicótico (que dicen es propio de las primera etapas del enamoramiento, al menos así escuche por ahí a una persona al parecer entendida en la materia, o al menos eso era lo que categóricamente presumía) su actuación se reflejaba en poemas que al mismo tiempo que eran escritos iban creando su propia música, sus propias flores y su propia agonía expectante por una posible correspondencia; cartas pequeñas que duramente contenía letras enormes y signos de exclamación, corazones palpitantes que sostenían sentimientos en un enorme carruaje, tal cual esclavos transportaban reinas hermosas y pedantes en alegoricos ostentosos descansados en los hombros de oscura piel marcada por dos que cien azotes diarios.Como todo en la vida, las unidades de tiempo; años, meses, días, horas, no lo sé, prosiguieron religiosamente; las ninfas, aunque biológicamente ( solo por ejemplificar con un adjetivo, aunque técnicamente entre la ciencia y la mitología podría no haber nada en común) eran hermanas, cualitativamente eran muy diferentes, sin perjuicio de que en las apariencias de sus existencias hubieran similitudes. Se acercaban ya al final de sus días, sus obras por lo demás parecían estar completas, el paisaje surrealista ocupaba ya en su totalidad el espacio ausente de color en que fue iniciado; el corazón y el cerebro de lo romántico palpitaba sangre con hormonas y feromonas, de igual forma expelía un poderoso hedor a ansias de estabilidad y futuro.La ninfa del surrealismo murió en el instante inmediatamente posterior en que escribo el ultimo jeroglífico de su firma; la ninfa del amor lamentó su deceso, más que por dolor, por compromiso; total quedaba aun el futuro prometedor para ella; embriagada de individualismo dijo adiós a su hermana y con decisión observó por la ventana en la espera de la anhelada correspondencia, al mirar por ella se desintegro en llanto al divisar una orca en el cielo empapando de humedad.
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