la mira con ojos de sol,
en su cara una estrella,
sentada en un escalón
de aquel viejo convento,
tiene en la mano una flor
que cuando niña corto,
la hace girar con los dedos
al son de sus ojos,
tiene en los labios un rosado
de alegre infante feliz,
tiene en las piernas un largo
de elegante mujer de Paris,
tiene en la mente un recuerdo
de aquellos días de tibio abril,
tiene en los ojos el miedo
de ver a cuanta gente morir,
de pajarillos el silbido se sabe
y del pasto la picazón al acostarse,
de nubes alguna vez un castillo hizo;
pero se le olvido ponerle a la puerta guardianes
que no dejaran a los malos pasar
ni siquiera a la sala de estar,
hoy ellos habitan el palacio
donde alguna vez ella quiso bailar
ya no puede ahora cantar,
pues no se sabe el tono
de la gente al gritar,
la mira con ojos de sol
en su cara una estrella,
sentada en un escalón
de aquel viejo convento,
la mira con ojos de amor
pero con manos de subalterno,
la mira con alma transparente
pero de piel color diferente...
quien diría que esa blanca flor
de color rojo se mojó.
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