Y que mas da si se rompen las reglas de la relatividad o si mas bien se agrandan exponencialmente hasta la potencia indicada como para dejar de sentir el suelo debajo de los pies; que si la cordura de los hombres llegara a tener parámetros, no podría haber pasado lo que hace instantes fue.
Me han dicho que la luna nace de noche, cuando el sol se ha despintado en el mar, lo he visto, claro, a veces va dejando acuarelas naranjas en el cielo y otras tantas se disuelve así nada mas; como el café instantáneo de la mañana en mi taza olorosa a prisa y retraso.
También me han dicho que la ola siempre vuelve a nacer, una y otra vez, y si, lo comprobé aquella mañana cuando no moví mis pies de la arena esperando alucinante el momento en que si moverme, el agua dejara de hacerme cosquillas al recogerse rítmicamente el mar.
Un día me contaron que por más que trata uno de no parpadear, más lagrimas involuntarias enjugan los ojos sin siquiera haber tenido tristeza; y que si al unísono son mas las tristezas, por mucho que intentes tener los ojos cerrados, las lagrimas brotan igual.
A veces no me han contado nada, yo mismo me he dado cuenta, como cuando siguiendo siendo el niño que ahora soy, intenté detener esa pequeña vertiente con mi pie; por un instante funcionó, pero más reí cuando el hilo de fría agua se las ingenió para buscar otro camino y llegar a otro pie.
Pero lo de hoy escapa a todo lo antes recordado, deja un nuevo parámetro y abre más los caudales de asombro sutil, hoy me ha asombrado la capacidad que tengo de asombrarme; y creo que puedo ver o al menos imaginar como tus cejas cambian ligeramente de posición conforme vas leyendo; es entendible, el problema es para uno que se deja llevar; y en este momento estoy pensando sinceramente en parar, pero lamentablemente no puedo, ya que de la cuadricula de esta hoja salen pequeños tallos verdes que a simple vista denotan suavidad y frescura; de tal manera que si dejo de escribir lo mas seguro es que se oculten, y mi ansia de paz no lo permitirá, así es que continuaré, aunque en esa linda cara las cejas sigan cambiando de posición.
Entre pasos agitados y mirada serena, pensaba en abstraerme del mundo un rato y dejar que mi mente me trajera algo en que dedicar mi tiempo mientras terminaba el rutinario caminar que no siempre tiende a ser igual; faltaban varias cuadras todavía, así que el pretexto para dejar una imagen a mi cabeza llegar estaba mas que justificado; en eso me encontraba cuando sentí la suavidad del pasto muchas veces verde de la placita central de la calle, así que decidí mirar para abajo, pareciere que algo obstaculizaba mi camino, a pesar de que no había cuerpo físico alguno en frente de mi, el instinto me llevó a mirar el césped dos metros hacia mi costado y ahí estaba como diciendo a gritos quedos “ven! ven!”, mi cuerpo siguió a mi mirada como brisa en el rostro de abril de todos los años; una especie de flor sin pétalos, hecha al parecer de diminutos fragmentos de suave algodón de cera me miró; me decía que la fragilidad de su ser podía presentarse tan solo con un soplido mundano de cualquier alguien, pero también me dijo que su fragilidad era tan grande que ante cualquier viento no iba a ceder, al menos por un buen tiempo; lo comprobé cuando esa corriente de frío aire bajo el sol erizó mi piel y mis ojos tuvieron que dejar de ver, al abrirlos, ella estaba aun ahí, igual de firme que al amanecer, cuando la tomé, entre mis dedos se dejos mecer, ella solo se posó en mi mano abrigando su tallo entre las yemas de mis dedos, la acaricié y jugué con ella y ninguna porción de algodón se cayó, cuando soplé se desintegró y en el aire figuras emocionales dibujó, vi tus ojos y también vi tu boca, vi el ondear de tu cabello y la frecuencia de tu respiración al dormir.
Cuando soplé me acorde de Ti.